
La fotografía no es sólo técnia,
es un lenguaje
«Tu lenguaje fotográfico siempre cuenta quién eres.»







MÁS ALLÁ DE LA TÉCNICA
La fotografía no es solamente lo que vemos, sino la manera en que elegimos interpretar el mundo.

LOS TOURS FOTOGRÁFICOS
SON SOLO UN PRETEXTO
Para muchos, viajar significa simplemente cambiar de país. Para mí, en cambio, significa cambiar la mirada.
Por eso organizo mis Tours Fotográficos.
La fotografía es el lenguaje que nos enseña a observar, a comprender el mundo y a descubrir una nueva manera de mirar la realidad.


TOURS FOTOGRÁFICOS 2027
Cada viaje cuenta una historia diferente, pero todos comparten la misma mirada.

EL MÉTODO
Antes de hablar de fotografía, hablemos de personas.
Antes de buscar una fotografía, aprendamos a observar.
Antes de disparar, aprendamos a esperar.
Porque una gran fotografía no empieza jamás con un click
OBSERVAR
Cada fotografía nace mucho antes de levantar la cámara fotográfica.
Observar significa pararse, dejar de buscar imágenes y dejar que sea el mundo el que comience a
hablar.

ESPERAR
La prisa produce fotografías.
La paciencia construye historias.
Esperar no significa perder el tiempo.
Significa dejar que la realidad te sorprenda.
COMPRENDER
Ninguna comunidad existe para ser fotografiada.
Antes de hacer una fotografía, intento comprender quién tengo delante, cómo vive y qué puedo aprender de esa persona.

FOTOGRAFIAR
Solo entonces, y no antes, nace la fotografía.
No como un trofeo. Ni como una colección.
Sino como la consecuencia natural de todo lo que has vivido.


Por qué observo
No viajo para hacer fotografías. Conozco el mundo para poder fotografiarlo.


La historia de las olas
De niño pensaba que las olas seguían un ritmo perfecto. Creía que todas eran iguales, que bastaba con esperar para saber cuándo llegaría la siguiente.
Un día cogí la cámara de mi padre e intenté fotografiar el instante exacto en que el agua acariciaba la orilla. Al mirar a través del visor descubrí algo que cambiaría para siempre mi manera de entender la fotografía: ninguna ola era igual a la anterior.
Aquel día comprendí que la cámara no servía únicamente para hacer fotografías. Servía para observar el mundo con una atención que mis ojos, por sí solos, nunca habían conseguido alcanzar.
Desde entonces sigo haciendo exactamente lo mismo. Viajo, observo y espero. No para coleccionar imágenes, sino para comprender un poco mejor el mundo que tengo delante.


46 años después, la vida me llevó de nuevo a una playa.
Esta vez ya no era un niño. Era un hombre que estaba despidiendo una etapa de su vida.
Mientras las olas dibujaban formas efímeras sobre la arena volcánica, comprendí que seguía fotografiando exactamente lo mismo que había fotografiado de niño.
No buscaba la perfección.
Buscaba comprender aquello que estaba cambiando.

Lo que deseo compartir
No quiero que vuelvas de un viaje solamente con mejores fotografías.
Quiero que vuelvas con las preguntas justas.
Que descubras que observar es más importante que hacer fotos. Que comprendas que cada persona tiene una historia antes de convertirse en una imagen.
Y que encuentres una forma de fotografiar que no se parezca a la mía, sino a la tuya.
Querido viajero, quiero ayudarte a descubrir al artista que llevas dentro, a que aprendas a escucharlo y a dejar que sea tu fotografía la que dé voz a su mirada.


HISTORIAS
Todo viaje termina. Las historias, nunca.

Cada foto
cuenta una historia
Hay historias que nunca han aparecido en un catálogo.
Conversaciones que empezaron mucho antes de que cogiera una cámara.
Personas que cambiaron mi manera de entender un lugar.
Y momentos que merecen ser contados con palabras, porque una fotografía, por sí sola, nunca puede contarlo todo.


JOURNAL
Reflexiones sobre la fotografía, la creatividad, los viajes y la manera de observar el mundo.



Hemos vuelto diferentes.

Federica · Italia
Me fui pensando que iba a aprender fotografía. Volví descubriendo que llevaba años sin detenerme realmente a observar. Desde entonces hago muchas menos fotografías, pero tengo la sensación de ver mucho más.

Roberto · Italia
Siempre volvía de mis viajes con cientos de fotografías y la sensación de haber ido corriendo sin detenerme ni un instante. Fue el primer viaje del que regresé con menos imágenes y muchos más recuerdos.

Sandra · Francia
Pensaba que un buen retrato dependía de la luz. Hoy sé que nace mucho antes, en el momento en que decides acercarte a una persona con curiosidad y respeto.

Germano · Italia
Nunca habría imaginado que una conversación pudiera enseñarme más sobre fotografía que una clase de composición. Este viaje cambió mi manera de relacionarme con las personas que fotografío.

Laura · España
Dejé de perseguir la fotografía perfecta. Descubrí algo mucho más valioso: una manera de mirar que siento realmente mía.

David · Reino Unido
No recuerdo cuántas fotografías hice. Recuerdo a las personas que conocí, las historias que escuché y el silencio que compartimos antes de llevarme la cámara al ojo.

Chiara · Italia
Pensaba que viajaba para descubrir nuevos países. Hoy creo que viajo para descubrir partes de mí que, en casa, permanecen silenciosamente dormidas.


VIAJEMOS
JUNTOS
Si has llegado hasta aquí, probablemente no estés buscando un viaje cualquiera.
Estás buscando una manera diferente de mirar el mundo.
Será un placer conocerte y ayudarte a encontrar el Photo Tour que mejor se adapte a ti.

¡ESCRÍBEME!
Cuéntame quién eres, qué tipo de fotografía te gusta, qué esperas de este viaje...
Y, sobre todo, qué te gustaría descubrir de ti mismo a través de la fotografía.
FORMULARIO DE CONTACTO

MARCOS
DOMINGO SÁNCHEZ

Desde hace más de treinta años utilizo la fotografía para comprender el mundo.
Nací en Zaragoza, estudié y trabajé como arquitecto en Barcelona, como fotógrafo de producto en Milán y desarrollé mi carrera en la fotografía de moda durante los años que viví en París. Fue también la capital francesa la que me abrió las puertas a una dimensión más íntima y artística de la fotografía. Los años que pasé en Londres, en cambio, aportaron una dimensión internacional tanto a mi trabajo en fotografía y videografía de moda como a mi búsqueda artística.
Pero, cuando miro atrás, me doy cuenta de que todas estas experiencias tenían algo en común.
Nunca he fotografiado para crear imágenes.
Siempre he fotografiado para aprender a mirar.

UNA VIDA GUIADA
POR LA CURIOSIDAD
Antes de viajar por el mundo, ya había empezado a viajar cada día de mi vida dentro de mi imaginación.
El camino al colegio, un viaje en coche, incluso ir a casa de un familiar en mi misma ciudad o acercarme al mar durante las vacaciones: para mí, cada desplazamiento era un viaje, una oportunidad para imaginar mundos diferentes. A veces eran mundos mágicos; otras, simplemente posibilidades, escenarios que tomaban forma mientras miraba por la ventanilla, observaba las nubes o la luz de aquel día en particular.
Para muchos, viajar significa cambiar de país. Para mí siempre ha significado cambiar la mirada.
Recuerdo las horas que pasaba observando el mar. Creía que las olas seguían un ritmo perfecto, hasta que una cámara me obligó a mirarlas de verdad.
Fue entonces cuando descubrí que la fotografía podía hacer algo mucho más importante que crear imágenes.
Podía enseñarme a comprender.


LA LUZ
La profesión de mis padres era la luz. Tenían una tienda de iluminación de más de 200 metros cuadrados, con el techo completamente cubierto de lámparas, tan juntas que apenas quedaba un milímetro libre entre unas y otras. También realizaban estudios de iluminación para sus clientes y recuerdo aquella enorme atención a la luz como parte de mi vida cotidiana.
Pero mi padre tenía además otra profesión, que era también su pasión: la fotografía.
En los sótanos de la tienda había construido un auténtico laboratorio fotográfico. Era un espacio enorme, con estanterías llenas de revistas de fotografía nacionales e internacionales, la zona de revelado, las estanterías con los productos químicos y todas las herramientas necesarias, la ampliadora, la luz roja, los negativos colgados para secarse, aquel pequeño secador de pelo rojo, el olor de los químicos, la humedad, el termómetro colgado en la pared, el cronómetro y las cubetas donde, paso a paso, una imagen se convertía en realidad.
Años después, la arquitectura me enseñó a pensar el espacio. Geometrías, volúmenes, texturas, materiales, medidas, proyecciones, construcción, física, química, composición geológica de los terrenos, historia, arte. La arquitectura también era, en el fondo, una manera de aprender a observar y comprender aquello que me rodeaba.
Después llegó Milán, que terminó uniendo muchos de estos mundos.
Junto a Luca Ugolini volvió a mi vida la fotografía de mi padre, junto con la luz y la iluminación que había conocido en la tienda de mis padres. El noventa por ciento de nuestros clientes eran empresas fabricantes de iluminación.
Ugolini me enseñó la técnica, pero, sobre todo, el respeto por un trabajo bien hecho, el mismo principio que mis padres nos habían transmitido desde pequeños.
También me mostró la generosidad que debería existir en esta profesión: compartir, enseñar, mostrar.
Fue un maestro.
Y comprendí que saber utilizar una cámara no significa necesariamente tener algo que contar.


LAS PERSONAS
En Milán, Luca Ugolini fue fundamental para mi entrada en la fotografía profesional, ayudándome a dejar atrás lo que hasta entonces había sido poco más que una pasión.
Pero no puedo olvidar a Roberto y, sobre todo, a Fabrizio, propietarios y diseñadores de JOOST. Con Fabrizio comprendí que la moda es algo mucho más complejo que vestirse. Con él aprendí a conocer los tejidos, la confección, el patronaje, las formas, la manera de adaptar un estilo y las tendencias. Aprendí moda.
Su generosidad fue fundamental para construir esa base de conocimientos que necesitaba para iniciar mi trayectoria en la fotografía de moda.
Y mi carrera no habría sido posible sin todas las personas que, a través de sus agencias de modelos, me dieron las primeras oportunidades. Y, por supuesto, sin todos los modelos que posaron para mí con absoluta generosidad, talento y confianza.
Después llegó París y mi manera de fotografiar volvió a cambiar, también gracias a un fotógrafo de moda ya consagrado como Marco Marezza.
Una crítica suya, durante una noche de fiesta en mi casa, marcaría un antes y un después.
«Marcos, sabes que te tengo mucha estima. Tu técnica fotográfica es impecable. Tu comprensión de la luz es absolutamente innata.
Pero tus fotos son una mierda.
Fotografías a los modelos como si fueran latas de refresco. La moda es vida, es movimiento, es libertad, es creatividad. Rompe las reglas y, por favor, quítate ese corsé de arquitecto y déjate llevar».
Nunca una mala crítica había sido tan constructiva ni me había hecho tanto bien.
En aquella época, Ronald Liem, director de DAMAN Magazine, confió en mí y me dio la oportunidad de iniciar mi trayectoria en la revista.
Y después llegó Visori. Una de las personas más creativas y con más talento que he conocido. Diseñador de moda, diseñador, fotógrafo, pintor, escultor… un hombre del Renacimiento.
Con Visori, Marezza y Ronald pude echar a volar con los depósitos llenos y las espaldas muy bien cubiertas.
Y no puedo olvidar a Dirk. Aquel compañero, marido y amigo que siempre creyó en mí, que me apoyó en los peores momentos y que fue también una presencia fundamental en mis momentos de mayor éxito.
Y después hubo muchos más: peluqueros, maquilladores, directores de arte, compositores, videógrafos, modelos, asistentes, mensajeros, directores de laboratorio…
Una fotografía no se construye sola. Me gusta decir que es como una mesa: si una sola de sus patas no funciona, la mesa es inservible.
En París dejé de buscar únicamente la belleza. Empecé a buscar las emociones.
Descubrí que un retrato puede contar mucho más sobre una persona cuando dejas de querer controlarlo todo.
Fue allí donde también empezaron a tomar forma mis primeras colecciones artísticas, gracias a la influencia de Visori y al apoyo fundamental de Tanel Bedrossiantz, director creativo de Jean Paul Gaultier y de New Madison Models.
Él fue quien descubrió mi colección Human In Negative y la apoyó a través de sus contactos.
Quizá por eso, cuando miro atrás, pienso que las personas han sido una parte fundamental de mi trayectoria, tanto profesional como personal.
Desde los amigos hasta los compañeros de profesión, desde los colaboradores hasta los clientes, pasando por los proveedores: nadie construye nada solo.
¡GRACIAS A TODOS VOSOTROS!


LA LIBERTAD
En los años siguientes llegaron los estudios, las exposiciones, las publicaciones y los proyectos internacionales.
Y después, una vez más, Barcelona.
Junto a Dirk Peeters fundé DeeBee Group, un estudio de más de 200 metros cuadrados en pleno corazón del Poblenou, nacido de la idea de reunir en un mismo lugar una galería de arte y un espacio dedicado a la producción de moda.
La galería nació para dar visibilidad a artistas emergentes y ofrecerles sus primeras oportunidades, no solo para exponer, sino también para crear. No quería que fuera simplemente un espacio expositivo: también debía ser un estudio, un lugar de producción, encuentro y experimentación.
El espacio dedicado a la producción acogía sesiones fotográficas, conciertos, desfiles, videoclips y proyectos diversos, a menudo difíciles de encajar en una sola categoría.
Después llegó Londres.
Para mí, Londres representó otro gran salto, esta vez hacia el mercado anglosajón. Llegaron trabajos para Value Retail y otros clientes internacionales, pero también la primera exposición monográfica dedicada a Human In Negative en la galería The Muse de Portobello.
Fueron años de gran crecimiento profesional.
Pero, sobre todo, fueron los años en los que comprendí que la libertad creativa no consiste en poder hacer cualquier cosa. Consiste en poder buscar aquello que todavía no sabes exactamente cómo será.
Y comprendí que el arte solo tiene sentido cuando nace de una necesidad auténtica.


CAMBOYA
Camboya me obligó a hacerme preguntas que nunca antes me había planteado.
¿Qué ha hecho una persona para merecer, o no merecer, una situación en la vida en lugar de otra?
Y, sobre todo, ¿para qué sirve realmente una fotografía?
Durante los años que trabajé con una organización humanitaria comprendí que una imagen podía ser mucho más que una obra o un encargo. Podía convertirse en una herramienta para dar visibilidad, sensibilizar y contribuir, aunque fuera solo en pequeña medida, a mejorar la vida de las personas.
Aquella experiencia cambió para siempre mi manera de entender la fotografía.
En aquellos años vi cosas que nunca habría imaginado ver. Hubo situaciones en las que fotografiaba casi automáticamente, porque las lágrimas no me permitían ver y el corazón interrumpía cualquier razonamiento.
Y, sin embargo, ni siquiera en esos momentos pasar tiempo en Camboya me hacía desear volver a Europa.
Era justo lo contrario. Era cuando regresaba a casa cuando empezaba a contar los días que me separaban de mi regreso a Siem Reap.
Después llegó la crisis. Mi situación económica y personal cambió radicalmente y ya no pude volver.
Hasta hace dos años, cuando mi amigo y compañero de trabajo en la organización humanitaria, Alessandro Vannucci, me propuso un nuevo trabajo. Esta vez como Photo Tour Leader.
Y una vez más, sin pensármelo dos veces, hice las maletas.
¡Aquí estoy! Listo para compartir contigo todo mi bagaje de experiencia como artista y mi manera de entender los Photo Tours.
Durante estos dos años he conocido este mercado y me he hecho algunas preguntas.
He visto a muchos fotógrafos viajar con su equipo en busca de la fotografía espectacular: el monje, la anciana, el niño, el templo. He visto una especie de competición por conseguir la fotografía más sorprendente y una progresiva comercialización, casi industrialización, de la fotografía de reportaje.
Todos habláis de Salgado. Pero quizá no todos conocéis su manera de trabajar.
Salgado, como cualquier artesano, se tomaba su tiempo. Viajaba con calma, conocía, se informaba, convivía, establecía poco a poco una relación con las personas y con los lugares. Y solo al final fotografiaba.
La industrialización quizá pueda producir más imágenes, pero nunca podrá sustituir el tiempo necesario para conocer.
Soy consciente de que un Photo Tour debe necesariamente encontrar un equilibrio entre dos extremos: por un lado, la posibilidad de pasar meses viviendo con una comunidad antes siquiera de poder fotografiarla; por otro, unas vacaciones de doce días durante las cuales quieres conocer un lugar y, naturalmente, fotografiar.
Para mí, sin embargo, hay un principio irrenunciable.
Ninguna comunidad nos pertenece. Ninguna persona está ahí para convertirse en nuestra fotografía de Facebook o Instagram.
Por eso hay que acercarse con curiosidad, amabilidad y respeto. Saludar, hablar, intercambiar unas palabras, aunque solo sean durante dos minutos, y pedir siempre permiso.
La mayoría de las personas no tiene ningún problema en dejarse fotografiar. Pero imaginad lo que puede significar tener a diez personas delante, cada una con su teleobjetivo o con un gran angular a pocos centímetros de la cara.
Basta con hacer un pequeño ejercicio de empatía: pensad qué sentiríais si vuestra madre, vuestro hijo, vuestro nieto o vuestra abuela se encontraran de repente en la misma situación.
POR ESO PROPONGO UNA MANERA DIFERENTE DE VIAJAR Y DE FOTOGRAFIAR.
Calma. Serenidad. Tiempo para observar. Pensar. Reflexionar. Conocer. Pedir permiso.
Y después, finalmente, fotografiar.
Porque cuando una fotografía nace de un encuentro, de una relación y de una historia, deja de ser simplemente una fotografía bonita y se convierte en una imagen con significado.
Y detrás de esa fotografía permanecen las personas, las conversaciones, las situaciones, las anécdotas y toda la vida que la hizo posible.


COMPARTIR
Después de muchos años dedicados a la fotografía, descubrí que había otra cosa capaz de hacerme profundamente feliz.
Compartir.
No tanto enseñar a utilizar una cámara, aunque también, sino acompañar a otras personas en el descubrimiento de su propia mirada.
Ver cómo alguien se detiene ante algo que hasta ese momento nunca había observado de verdad. Ayudarle a hacerse una pregunta. Descubrir que una persona puede empezar a fotografiar de otra manera simplemente porque ha aprendido a mirar de otra manera.
Así nacieron mis Photo Tours.
No para enseñar a hacer fotografías, sino para compartir una manera de mirar el mundo.
HOY
Hoy sigo fotografiando, escribiendo y viajando.
Sigo conociendo personas, lugares e historias. Sigo cambiando de país, pero, sobre todo, sigo cambiando la mirada.
Y sigo haciéndome preguntas.
Porque creo que la curiosidad no debería terminar nunca.
Después de más de treinta años, la fotografía sigue siendo, por tanto, lo que siempre ha sido para mí: una manera de observar, de comprender y de seguir aprendiendo.
Quizá por eso sigo levantando la cámara.

VISUAL SOLUTIONS FOR INTERIOR DESIGN

HE TENIDO LA SUERTE
DE TRABAJAR CON...

EXPOSICIONES
MOSTRE A:
-
Paris "L’Œil du désir" 2008, Galerie Brasili, 19, rue Charlemagne, 75004 Paris, France
-
Pais: Mariposas Art — SITEP, Paris, France — 2015, Exhibition at the Eiffel Tower, Paris
-
Best: "Kunsthuys (voorheen Galerie De Kei)" Sonseweg 39, 5681 BH Best, Pays-Bas 2010
-
Bologna "L’Œil du désir" ART TO DESIGN, Via Porta Nova, 12, 40123 Bologna (BO), Italia 2008
-
Londra: "Human In Negative" The Muse Gallery, 269 Portobello Road, London W11 1LR, UK 2014
-
Barcelona: "The DeeBee Gallery" — DeeBee Group, Co-founded with Dirk Peeters, Carrer de Pujades, 95 · Barcelona, Spain

No fotografío para conocer el mundo.
Conozco el mundo para poder fotografiarlo.
Marcos Domingo Sánchez


MANIFIESTO
No organizo viajes para enseñar fotografía, ni para coleccionar imágenes, ni para volver a casa con una tarjeta de memoria llena.
Organizo Foto Tours porque creo que la fotografía puede enseñarnos una manera diferente de estar en el mundo. Vivimos demasiado deprisa, viajamos demasiado deprisa, fotografiamos demasiado deprisa.
Hemos aprendido a llegar, hacer la foto y marcharnos. Yo prefiero llegar, observar y comprender. Creo que una fotografía nunca empieza cuando levantamos la cámara. Empieza mucho antes: cuando sentimos curiosidad por una persona, cuando aceptamos que no comprendemos una cultura y decidimos escuchar antes de emitir un juicio, cuando dejamos de buscar imágenes y empezamos a descubrir historias.
No me interesa enseñar a hacer fotografías todas iguales. Me interesa que cada persona encuentre una mirada que pueda pertenecerle únicamente a ella. Por eso hablo tan poco de reglas. Las reglas pueden enseñar la técnica, pero nunca enseñarán la sensibilidad, la curiosidad o el respeto necesarios. Nunca enseñarán a esperar.
Viajar no significa únicamente cambiar de país. Significa cambiar nuestra atención.
Descubrir que el mundo es mucho más complejo de lo que imaginábamos y que nosotros también lo somos.
No creo en el turismo que consume los lugares. Creo en el viaje que crea vínculos.
No creo en fotografiar a las personas. Creo en conocerlas.
Y si, después de todo esto, llega también una fotografía, bienvenida sea. Porque la fotografía nunca ha sido el objetivo. Siempre ha sido la consecuencia.
Quizá por eso sigo viajando: para conocer todo ese mundo que siento que todavía tengo delante y que aún no he terminado de comprender.
Y mientras siga haciéndome preguntas, seguiré levantando una cámara.



















































































































